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Ciencia

Hongos después del fuego: micorrizas y recuperación del bosque.

Un estudio de 2026 revela cómo los incendios recurrentes reorganizan los hongos del suelo y las ectomicorrizas de los pinares mediterráneos.

Hongos después del fuego: micorrizas y recuperación del bosque.

Cuando un incendio atraviesa un bosque, la transformación más visible aparece en los árboles, el matorral y la cubierta del suelo. Sin embargo, bajo la superficie también cambia una comunidad decisiva para la regeneración: los hongos que descomponen materia orgánica, movilizan nutrientes o se asocian con las raíces.

Un estudio publicado el 22 de septiembre de 2026 aporta una visión especialmente valiosa para los ecosistemas mediterráneos. Sus resultados muestran que los incendios recurrentes no provocan únicamente una posible pérdida de hongos. También seleccionan determinados linajes, reorganizan los gremios ecológicos y modifican la relación entre árboles, micorrizas y funcionamiento del suelo.

Recreaciones fotorrealistas generadas para ilustrar el artículo, no fotografías tomadas durante el estudio.

Estudiar el incendio más allá del número de especies

Los investigadores compararon pinares de Pinus halepensis sometidos a regímenes contrastados de recurrencia del fuego. Analizaron el ADN fúngico del suelo mediante secuenciación de la región ITS1, construyeron medidas de estructura filogenética y cuantificaron siete actividades enzimáticas relacionadas con los ciclos del carbono, nitrógeno y fósforo.

Recreaciones fotorrealistas generadas para ilustrar el artículo, no fotografías tomadas durante el estudio.

También examinaron los árboles. Registraron caracteres como diámetro, espesor de la corteza y serotinia, y estudiaron variantes genéticas relacionadas con adaptación, estrés y respuesta al fuego.

El análisis produjo más de 2,6 millones de secuencias, reunidas en 6.967 OTUs. En promedio, las zonas con alta recurrencia presentaron más OTUs por muestra que las de baja recurrencia, pero la diferencia no alcanzó significación estadística.

Este dato es crucial: la comunidad no podía describirse correctamente diciendo simplemente que había “más” o “menos” hongos.

Menor diversidad evolutiva aunque la riqueza aparente se mantenga

En las zonas sometidas a incendios recurrentes, la comunidad presentó menor diversidad filogenética. Esto significa que los hongos detectados estaban evolutivamente más próximos entre sí y concentrados en determinados linajes.

La recurrencia del fuego puede actuar como un filtro ambiental. Los organismos capaces de sobrevivir, recolonizar o asociarse eficazmente con la vegetación adaptada al fuego adquieren mayor representación. La comunidad resultante puede conservar bastantes unidades taxonómicas y, al mismo tiempo, ocupar una porción más estrecha del árbol evolutivo de los hongos.

Esta diferencia entre riqueza y diversidad filogenética tiene consecuencias prácticas. Dos suelos pueden albergar un número parecido de OTUs, pero ofrecer repertorios ecológicos distintos.

Ectomicorrizas favorecidas por la recurrencia

Recreaciones fotorrealistas generadas para ilustrar el artículo, no fotografías tomadas durante el estudio.

Basidiomycota fue el filo dominante, seguido por Ascomycota. Entre los diez hongos más abundantes de las zonas con alta recurrencia, cinco eran ectomicorrícicos.

Tres taxones destacaron como indicadores de ese régimen:

  • Tricholoma batschii, con una abundancia relativa un 96 % superior.
  • Suillus collinitus, con un incremento del 99,9 %.
  • Amphinema sp., con un incremento del 91 %.

Las zonas con menor recurrencia presentaron, entre sus taxones dominantes, una mayor representación de saprótrofos como Cryptococcus podzolicus, Penicillium restrictum, Archaeorhizomyces sp. y Umbelopsis sp. Springer Nature Link

Esto no significa que todos los incendios beneficien a las ectomicorrizas. El estudio analiza comunidades que llevan tiempo sometidas a regímenes distintos y una especie arbórea adaptada al fuego. La intensidad, severidad, frecuencia, estación y extensión de cada incendio pueden producir respuestas diferentes.

El árbol también selecciona su microbioma

Uno de los resultados más sugerentes es que los caracteres fenotípicos de los pinos explicaron mejor la estructura filogenética de las comunidades fúngicas que el genotipo del árbol, el clima local o las variables del suelo consideradas.

La asociación entre un árbol y sus hongos no depende únicamente de que ambos coincidan en un lugar. Rasgos relacionados con crecimiento y adaptación pueden modificar la cantidad y calidad de los recursos disponibles en la rizosfera, la arquitectura de las raíces y las condiciones bajo la copa.

Los autores plantean que la adaptación de Pinus halepensis a los incendios recurrentes podría depender parcialmente de su asociación con hongos simbiontes del suelo. Es una hipótesis ecológica apoyada por las asociaciones encontradas, aunque el estudio no demuestra por sí solo una relación causal directa.

Cambian los hongos y cambia el funcionamiento del suelo

La estructura y diversidad filogenética de la comunidad se relacionaron con mayores actividades potenciales de quitinasa y fosfatasa, vinculadas con la movilización de nitrógeno y fósforo. No se observó la misma relación con las enzimas seleccionadas para estudiar el ciclo del carbono.

Esto sugiere que la reorganización de la comunidad puede afectar a la disponibilidad de nutrientes durante la regeneración. Aun así, una actividad enzimática potencial medida en laboratorio no representa automáticamente la velocidad real de un ciclo biogeoquímico en todo el ecosistema.

La humedad, la temperatura, la materia orgánica y la actividad conjunta de otros microorganismos condicionan lo que sucede en el terreno.

Qué aporta a la restauración en Gredos y el Valle de Iruelas

Los resultados ofrecen un marco útil para estudiar los territorios afectados por incendios en la Sierra de Gredos, el Valle del Alberche y el Valle de Iruelas, pero requieren adaptación local.

El estudio se realizó en Pinus halepensis. En Gredos y su entorno intervienen otras formaciones forestales y especies hospedadoras, entre ellas Pinus pinaster, Quercus pyrenaica, encinas, castaños y comunidades de matorral. Sus asociaciones micorrícicas y su respuesta al fuego no son idénticas.

Un programa riguroso de seguimiento debería combinar:

  • parcelas con distinta severidad y recurrencia del fuego;
  • zonas quemadas y controles no quemados;
  • muestras repetidas durante varios años;
  • secuenciación del suelo y de raíces colonizadas;
  • inventarios de cuerpos fructíferos;
  • análisis de grupos funcionales;
  • propiedades físicas, químicas y enzimáticas del suelo;
  • regeneración de las especies vegetales hospedadoras.

También conviene conservar muestras de referencia y vincular las secuencias con ejemplares correctamente identificados cuando sea posible. La metabarcodificación permite detectar mucha diversidad, pero no sustituye completamente la taxonomía, la microscopía ni el trabajo de campo.

¿Debe inocularse un terreno quemado?

El estudio no demuestra que la inoculación comercial sea necesaria ni eficaz después de un incendio. Antes de intervenir hay que comprobar si permanecen raíces vivas, propágulos, esporas y comunidades capaces de recolonizar naturalmente.

Una inoculación sin diagnóstico previo puede fracasar, introducir cepas poco adaptadas o alterar interacciones locales. La restauración micorrícica debería plantearse cuando exista una limitación demostrada y utilizar material compatible con las plantas, el suelo y la procedencia ecológica del territorio.

En muchos casos, proteger el suelo frente a erosión y compactación, conservar árboles supervivientes, favorecer la regeneración vegetal y evitar nuevas perturbaciones puede ser más relevante inicialmente que añadir inoculantes.

Un bosque no se recupera solo porque vuelva a estar verde

La vegetación visible puede reaparecer mientras la comunidad subterránea mantiene una estructura alterada. Evaluar la restauración exige mirar la composición de los hongos, su diversidad evolutiva y las funciones que sostienen.

Recreaciones fotorrealistas generadas para ilustrar el artículo, no fotografías tomadas durante el estudio.

El nuevo estudio muestra que los incendios recurrentes pueden seleccionar comunidades más agrupadas filogenéticamente y vinculadas a determinados simbiontes. También demuestra que el árbol hospedador participa activamente en esa reorganización.

La gran lección para la restauración mediterránea es sencilla: recuperar el bosque implica recuperar sus relaciones biológicas, desde la copa hasta la raíz y desde la raíz hasta el micelio.

Referencia principal

Pérez-Izquierdo, L., Zabal-Aguirre, M., González-Martínez, S. C. et al. (2026). Tree traits drive phylogenetic and functional responses of soil fungal communities in Mediterranean forests subjected to recurrent fires. Fire Ecology, 22, 145. https://doi.org/10.1186/s42408-026-00577-2

Nota editorial

Los contenidos de Ecoturnava tienen finalidad divulgativa y formativa. En identificación, toxicología o usos medicinales debe valorarse la evidencia y el ejemplar concreto; una fotografía o un artículo no sustituyen una determinación completa ni asesoramiento sanitario.

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